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El profesor Justo García Navarro, del Departamento de Construcción y Vías Rurales de la Universidad Politécnica de Madrid, director de este estudio, presentó los resultados en el Auditorio de Promomadrid de la sede de ASPRIMA.
El acto fue presidido por José Manuel Galindo, en representación de la Asociación de Promotores de Madrid y fue inaugurado por Carlos López Gimeno, Director General de Industria, Energía y Minas de la Comunidad de Madrid. La clausura del acto corrió a cargo del Director General de Vivienda de la Comunidad de Madrid, Juan Van-Halen.
El estudio ha evaluado, para un edificio ya construido, es decir, en un caso real, los costes constructivos y consumos energéticos derivados de la nueva calificación energética de viviendas, según el Real Decreto 47/2007, de 19 de enero. El escenario escogido fue Vallecas 08, un edificio de viviendas sociales de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo de Madrid (EMVS). Situado en la calle Almonte de Madrid, el inmueble está compuesto por 143 viviendas, en bloques de cinco plantas, en manzana cuadrada y con las cuatro orientaciones posibles.
Esta investigación, pionera en España, ha estudiado todos los materiales presentes en el edificio, estructuras y componentes, tanto de construcción, como de aislamiento, de consumo energético o de confort y ha evaluado cómo se podría modificar dicho edificio para que obtuviese una calificación energética mejor. Además, se calcula cuánto cuesta esa modificación y, lo que es más importante, cuánto ahorro en términos energéticos y económicos supone esa mejor calificación.
AHORRO ENERGÉTICO Y COSTES
Y los resultados son contundentes: si se utiliza la combinación de elementos adecuada que consiga que un edificio inicialmente previsto con una calificación E pase a ser considerado B, se genera un ahorro anual en el coste del consumo energético de la vivienda de hasta el 76 por ciento. Traducido a euros, el ahorro es de 5,36 euros por metro cuadrado, lo que quiere decir que una familia que viva en una vivienda tipo B de 90 metros cuadrados en un año se habrá ahorrado 482 euros en luz y gas frente al gasto de una vivienda tipo E.
En términos de sostenibilidad ambiental este dato es fundamental, ya que el ahorro en emisiones de CO2 es de casi 30kg por metro cuadrado anuales, es decir que en un piso de 90 metros cuadrados, el ahorro de una vivienda B sobre una E sería de 2700 kg de CO2/año. La comparación más clara se obtiene en función de la cantidad de árboles que serían necesarios para compensar este aumento de emisiones de la vivienda tipo E: 10 árboles sería necesario plantar cada año para compensar el exceso de emisiones de una sola vivienda tipo E frente al tipo B. [cálculo basado en la equivalencia ofrecida por el UNEP –United Nations Environment Programme–. Cada árbol de tamaño y tipo medio absorbe anualmente 3kg de CO2–]
Para valorar en otros términos la importancia del ahorro energético que supone hacer énfasis en la calificación energética de los edificios, las emisiones que cada año se ahorran en un edificio tipo B frente a uno tipo E, los 2.700 kg de CO2, es el equivalente a dejar de usar el coche durante todo el año [calculando las emisiones de un vehículo en el valor límite de 120 g/km impuesto por la exención del impuesto de circulación, recorriendo 22.500 km al año].
Lo más paradójico de este estudio es que desmitifica la creencia de que para ser eficiente hay que realizar una inversión que no compensa el ahorro. El estudio realizado por la UPM certifica que, en este edificio habría sido necesario aumentar los costes entre un 5 y un 8 por ciento para mejorar la calificación energética de E, la peor, a B, la mejor posible (ya que también se concluye que, en este edificio concreto, no se ha conseguido una calificación A aun aplicando los valores más favorables en cuanto a diseño, sistemas energéticos, materiales…).
El objetivo último de este estudio es que se instale en la mente tanto del promotor como del comprador el concepto de eficiencia energética, igual que ya está instalado en otras áreas de consumo, como los electrodomésticos. “Cuando uno compra una lavadora calificada como A, sabe que el fabricante ha aplicado unos estándares de producción que le garantizan que ese producto le va a suponer un ahorro en el medio plazo. Eso mismo es lo que pretendemos que sepa el consumidor cuando reflexiona sobre la mayor inversión de su vida, la vivienda”, concluyó el presidente de la patronal madrileña de promotores inmobiliarios.
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