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El primero de ellos es la extrapolación del problema a otros bancos españoles. Hace apenas un mes, Bankia se proponía pagar un dividendo. Ahora Bankia y su matriz Banco Financiero Ahorros, BFA, deben afrontar unas amortizaciones sobre activos inmobiliarios con problemas por un importe de 17.000 millones de euros, más otros 7.000 millones en minusvalías no realizadas en otras inversiones.
Eso es suficiente para acabar con su valor en libros, de la misma manera que ocurrió en Banca Cívica, UNMIN y la CAM, planteándose así nuevas dudas sobre la fiabilidad de los balances de los bancos españoles en general.
A raíz de las últimas amortizaciones , BFA-Bankia han constituido provisiones para cubrir pérdidas equivalentes al 48,9 por ciento de su exposición inmobiliaria que probablemente sea suficiente para satisfacer las exigencias de los mercados. Sin embargo, la extrapolación de estas amortizaciones a otros bancos, haría necesario disponer de otros 45.000 millones adicionales para todo el sector.
El segundo problema es cómo se financia la ampliación de capital, es decir si se da a Bankia efectivo o bonos del Gobierno. Teniendo que pagar el 6,45 por ciento por los bonos españoles a diez años, es lógico que el Gobierno se muestre reacio a buscar dinero en los mercados. Pero si suministra a Bakia bonos, en lugar de dinero en efectivo, no hará sino aumentar la exposición de Bankia a la deuda soberana, en un momento en el que la solvencia de España también está siendo cuestionada.
Los bancos no tienen que valorar los bonos del Estado a valor de mercado, pero que tiene que mostrar las pérdidas en una reserva aparte. Si el importe es suficientemente grande, podría disuadir a los inversores de comprar bonos, dejando a Bankia dependiendo de la financiación del Banco Central Europeo, BCE, con lo cual todo proceso seguido resultaría estéril.
Un tercer problema tiene relación con lo apuntado por Mariano Rajoy, el lunes pasado, al afirmar que la zona euro debería permitir que sus fondos recapitalizaran los bancos directamente. Eso disminuiría la probabilidad de que el Gobierno perdiera el acceso a los mercados. Pero antes de que la zona euro muestre su acuerdo a esa medida, podría preguntarse por qué los accionistas ordinarios y los preferentes de BFA-Bankia no pierden su inversión y se procede a imponer descuentos en el grado que corresponda , a los tenedores de bonos.
Se argumenta que eso supondría un perjuicio para el valor del banco a largo plazo, debido a que muchos de sus inversionistas son los clientes minoristas. Pero ese argumento parece que no va a convencer a los contribuyentes alemanes.
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