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Los efectos sobre el mercado inmobiliario vendrán por el lado del ajuste de precios de estos activos, tanto de los que ya están en su balance como de los que sirven de garantía para sus préstamos vivos.
Tras la recapitalización necesaria de las entidades, no habrá necesidad de mantener los valores de estos activos ficticiamente altos, y es de esperar que las entidades financieras comiencen a aplicar criterios distintos a los empleados hasta ahora.
En primer lugar, está la obligación de traspasar estos activos a sociedades de gestión inmobiliaria que deben crear, por lo que parece adecuado que previamente se proceda a una clasificación previa, para separar aquellos que generan rentas o tienen posibilidad de hacerlo y los que no. Los primeros pueden aparcarse en sociedades susceptibles de convertirse en socimis, si finalmente se modifica su normativa para adecuarla al modelo Reit europeo al uso. Los activos llegaría a estos vehículos a precios de mercado y el banco iría desinvirtiendo mediante la venta de sus acciones en la misma.
En cuanto a los activos que no generan rentas, parece lógico que vendan los activos que no tienen margen de mejora en precio. Además aquellos inmuebles que se consideren invendibles se tratará de convertirlos en viviendas sociales. Y en cuanto al suelo, se comenzará a construir en aquellos solares cuya edificación pueda tener salida en el mercado y se mantendrán los que no se puedan vender.
Todos los activos que se estime que pueden aumentar su valor se mantendrán en cartera.
Esta previsible actuación contribuirá a que los productos secundarios bajen su precio, mientras que el efecto en los activos prime apenas será perceptible.
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